Em texto escrito na Inglaterra em 1905 e publicado em livro na Argentina, autor disse que sua obra não foi inspirada por romance de escritor Benito Perez Galdós, naturalista do cânone espanhol
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O texto abaixo foi publicado no livro El gran cuento del tío en la literatura nacional, de Gustavo Martínez Zuviría, em 1907. Trata-se de uma carta de Aluísio ao tradutor A. Costa Alvarez que responde a crítica de Zuviría à edição argentina de O mulato. No texto crítico, Zuviría compara El Mulato e Doña Perfecta, do escritor espanhol Benito Pérez Galdós.
Apesar dos elogios de Zuviría, que considera o livro do brasileiro superior ao de um escritor hoje canônico na Espanha, Aluísio procurar refutar qualquer possibilidade de plágio que a eventual comparação pudesse suscitar. Para isso, recupera as fontes de inspiração da personagem principal, Raimundo, e aponta, com todas as letras, o preconceito racial contra o poeta Gonçalves Dias como sua principal motivação para a escrita do romance que é tido como um dos marcos iniciais do naturalismo no Brasil.
Tanto o texto de Aluísio quanto a crítica de Zuviría estão publicados no livro “Quem me comeu a carne tem de roer-me os ossos” – Aluísio Azevedo pela crítica contemporânea, organizado por Cláudia Barbieiri, Haroldo Ceravolo Sereza e Leonardo Mendes. O livro pode ser adquirido na loja virtual da editora Alameda.

Aluísio Azevedo*
En cuanto á la acusación que hace á mi Mulato el señor Zuviría puedo empeñar mi palabra de honor de que hasta hoy no he leído, ni conozco por crítica, ni por informaciones, la novela de Pérez Galdós á que él se refiere. El día que pueda obtener un ejemplar de la obra que el señor Zuviría me acusa de haber plagiado, ese día será la primera vez que esta obra habrá pasado por delante de mis ojos; Doña Perfecta será tan nueva para mí como si en esos momentos acabase de ser impresa en los talleres que la dieron á luz. Ni siquiera recuerdo haber leído obra alguna de Pérez Galdós. Cuando escribí el Mulato eran muy pocos los libros españoles que conocía. Con excepción de Don Quijote y de uno que otro libro clásico, la memoria no me acusa de haber leído entonces ninguna obra de la literatura española antigua a ia reri r oo r eza e onar do ndes rgs y moderna. El sombrero de tres picos de Alarcón y otros libros famosos solo llegué á conocerlos muchos años después, ya en Rio de Janeiro.
No conozco, pues, Doña Perfecta. Sin embargo, creo po der decir que el señor Zuviría no tiene razón en la crítica que hace; no es posible que la tenga, porque ha sido de lo natural de donde he recibido todas las impresiones de mi libro, y ha sido de lo real de donde he copiado los tipos. El Mulato es absolutamente local. Sólo el que no quiere puede no darse cuenta de toda la sinceridad de este libro, y puede negar el carácter exclusivamente local que tienen sus escenas y sus personajes. Seguramente, al leer el Mulato, el señor Zuviría no ha tenido presente que esta obra ha sido escrita en un idioma que no es el español; de otra manera, habría visto inmediatamente que Manuel Pescada, Doña María Bárbara, Ana Rosa, Días, el canónigo Diego, Freitas, etcétera, sólo pueden ser concebidos en el Brasil, en tierra de provincia, y no pueden de ningún modo ser considerados como tipos comunes de novela, con exclusión completa del medio especial en que actúan y de la acción que desarrollan en ese medio. Ahora bien: esta acción que el Mulato describe, no es una simple trama novelesca; puede ser muy interesante, pero yo no he escrito mi Mulato para hacer una novela de intriga. Esa acción es el medio de que me he valido para luchar contra las prevenciones que de pie en el lugar donde nací y me crié; y lo que me hizo crear el Mulato fué la indignación que me causó un hecho perfectamente real, histórico y conocido: el procedimiento de la sociedad marañense para con el poeta Gonçalves Días. Gonçalves Días era mulato, hijo de negra; había nacido en la ciudad de Caxías del Marañón, y no pudo casarse con una seño rita blanca, á la que adoraba, sólo porque era mulato. Gonçalves Días, como Raimundo, se había formado en Coimbra; era, como o carne de roer e os os sos éste, hijo de un comerciante portugués, y en sus versos escritos en el Marañón: “Palinodia”, etecétera, está toda la historia de Raimundo: “E, acaso no sangue tâ clara que eu me dourasse se unir-me contigo?” La poesía que comienza con estos versos podría servir de epígrafe al Mulato.
En cuanto al tipo físico, Raimundo fué copiado del pintor Horacio Tribuzy. Horacio Tribuzy, nacido en el Marañón y formado en Roma y después en París, había recorrido las principales ciudades de Europa y fué á morir en el Marañón, envenenado, justamente en la edad en que muere Raimundo. Era hijo de mi profesor de pintura, el italiano Domingo Tribuzy, que lo tuvo de una mulata; razón por la cual la sociedad marañense lo repudiaba, á pesar de sus glorias de artista y de sus brillantes cualidades personales. Horacio Tribuzy era el hombre más guapo que he visto hasta hoy: ese producto mestizo de un italiano tallado por los modelos de la Roma antigua y de una mujer medio mulata y medio india, tenía tanto de Hércules como de Apolo: era un conjunto tal de gracia anatómica, de fuerza y de destreza, que las mujeres se morían de amor sólo al verlo, y más de una dama que lo despreciaba en público lo llamaba secretamente á su alcoba. En el “Manuscrito de una suegra”, el tipo de Horacio vuelve á aparecer, con los mismos ojos de Raimundo pero no mulato.
Todos los demás tipos del Mulato han existido ó existen en el Marañon; tan así es que la historia de los crímenes del padre Diego es corriente en la tradición oral del interior de la provincia. Y mi libro no habría conmovido ruidosamente el Marañón si sus personajes hubieran sido imitados de una novela extranjera y europea.
Es una nimiedad, además, ponerse á citar coincidencias de edad, de bribonería, de honradez y simpatía, de creencias en Dios, etcétera, cuando se trata de personajes que tienen que desempeñar una acción amorosa, puesto que esta acción está subordinada necesariamente á una edad determinada y á condiciones psicológicas especiales. No se explica, luego, que el crítico haga á un lado el tipo de Díaz, sin el cual no existiría la novela, y que, al lado del canónigo Diego, es el personaje más activo de la obra. Por otra parte, comparar el canónigo Diego con un santo vicario (según el crítico), llamarlo hermano gemelo de éste, es tener ganas de desnaturalizar el carácter de mi personaje. En fin, es absurdo hablar del Mulato sin considerar la tesis que el Mulato sostiene y defiende. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .»
Cardiff (Inglaterra) 4 de Setiembre de 1905.
* Texto publicado originalmente em AZEVEDO, Aluísio. De Aluizio Azevedo. In: ZUVIRÍA, Gustavo Martínez. El gran cuento del tío en la literatura na cional. Santa Fé (Argentina): Martínez Zuviría y Cia. Editores, 1907, p. 191-196.








